¡En sus manos!

Redacción Revista Petróleo y Gas febrero 15, 2017 Comentarios desactivados en ¡En sus manos!

El futuro del mercado petrolero y la recuperación de los precios dependen en buena parte de lo que hagan tres actores: Trump, Putin y los países de OPEP.

Hace unas semanas, el optimismo había retornado al mundo petrolero después de meses de pesadilla para las economías que tienen en el crudo una fuente importante de riqueza, pues el precio había alcanzado niveles ruinosos de 20 dólares por barril en la primera parte de 2016.

El nuevo panorama esperanzador llevó al Banco Mundial a elevar sus previsiones sobre el precio de petróleo crudo en 2017 a USD 55 de USD 53 por barril, en buena parte luego de la decisión de los miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) de limitar la producción tras más de ocho años de producción sin restricciones. Incluso, expertos en análisis del mercado hablaron de más de USD 56 por barril para los próximos meses. 

Según el organismo multilateral, se prevé que el precio de la energía -que comprende el petróleo, el gas natural y el carbón- se incremente casi un 25 por ciento en su conjunto en 2017, un aumento mayor que el previsto en julio pasado. 

“Estimamos que el próximo año se producirá un sólido incremento en los precios de la energía, encabezados por el del petróleo”, dijo John Baffes, economista superior y autor principal del informe Commodities Markets Outlook. La edición del informe, que se publica trimestralmente, incluye un documento en el que se analiza el reciente anuncio de la OPEP de limitar la producción, advirtiendo que la capacidad del cartel de afectar los precios del crudo se pondrá a prueba cuando se amplíe la oferta de petróleo de fuentes no convencionales, como la de productores de petróleo de esquisto, con lo que implícitamente se marca una advertencia, que cada día gana más espacio: lo que hará en materia energética el nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y de cuyo actuar parece no haber duda, pero que nadie se atreve a adivinar la ruta exacta. Su comportamiento y primeras señales podrían dar al traste con esas promisorias proyecciones.

El mandatario ha iniciado su gobierno predicando una nueva doctrina del proteccionismo para su país y para el resto del mundo, sustentada en “Estados Unidos primero” que pretende revivir la consigna “América para los americanos”, del presidente James Monroe en 1823.

Y eso cubre al comercio, del cual la energía es parte vital. “Cada decisión sobre comercio, impuestos, inmigración, asuntos exteriores, se hará para beneficiar a los trabajadores estadounidenses y a las familias estadounidenses”, ha dicho y lo ha hecho saber al mundo. Que lo logre o no, es una segunda discusión, pero lo que sí es cierto es que su política repercutirá sobre el resto de países que deberán alistarse para enfrentar el pregón de proteccionismo y nacionalismo, con las consecuencias que implica.

Las expectativas previas 

Independiente de Trump, el mercado no es mucho lo que espera por parte de la demanda, pues según el director de la Agencia Internacional de Energía (AIE), Fath Birol, la demanda por petróleo no llegará a su punto máximo en el corto plazo debido al creciente consumo en las economías en desarrollo y no se espera que las empresas desarrollen nuevos proyectos tras dos años de fuertes caídas en la inversión debido a los bajos precios del petróleo.

“No vemos en el corto y mediano plazo que los productos petroleros puedan ser sustituidos por otros combustibles. Más de un tercio del crecimiento proviene de camiones en el Asia en desarrollo (…) No creemos que la demanda por petróleo llegue a su punto máximo en el corto plazo”, declaró Birol, lo cual supone en los años venideros un creciente déficit de oferta”.

Lo mismo cree Arabia Saudita, promotor del acuerdo entre países de OPEP y otros para disminuir la oferta y hacer subir los precios. Su ministro de Energía, Khalid al Falih, dijo que el grupo tenía poco que temer por una recuperación inmediata en la industria del petróleo de esquisto estadounidense, y que tampoco es probable que la producción aumente considerablemente en el futuro próximo.

“Las que se han aprovechado recientemente son las áreas más prolíficas”, dijo Falih sobre la industria del esquisto estadounidense. “A medida que aumente la demanda, tendrán que recurrir a las zonas más costosas, más difíciles y menos prolíficas en esquisto y descubrirán que necesitan precios más altos”.

Su opinión tiene que ver con el asunto de mayor importancia que enfrenta la industria del petróleo: el bloque, con Arabia a la cabeza, luchó en los últimos dos años para impedir que subiera el precio y de esa manera se estimulara un aumento de la producción de Estados Unidos que es más costosa. Aguantó esa estrategia hasta finales de 2016.

El 10 de diciembre pasado, en Viena, se tomó una decisión clave: los miembros de OPEP, a los que se sumaron otros 12 países productores de hidrocarburos, decidieron bajar la oferta de crudo. El recorte podría alcanzar 1,8 millones de barriles diarios desde enero de 2017 y los precios subieron casi un 8 por ciento frente al mes anterior y un 70 por ciento más que un año atrás. A la reunión “OPEP/No-OPEP” asistieron 25 países responsables de cerca del 60 por ciento de la oferta mundial de petróleo.

La reducción acordada, cerca del 2 por ciento de la producción mundial, supera en un 50 por ciento al crecimiento de la demanda de petróleo que la misma OPEP ha estimado para 2017 (1,2 mbd).

Hay quienes sostienen que es difícil que OPEP cumpla el pacto de recortes de producción de petróleo, a pesar de la buena voluntad de Arabia Saudita y lo que representa el apoyo de Rusia.

De cualquier forma, se advierte que un rango de observancia de 80 por ciento del acuerdo es positivo, mientras que un 50 por ciento estaría en el límite de tolerancia.

Las jugadas del magnate 

En los días que siguieron a elección de Trump, subieron los valores de las empresas petroleras en la bolsa, por la expectativa de sus anuncios de incrementar la producción de combustibles fósiles como petróleo, diésel y gas, eliminando las regulaciones recientes en materia de fracking. Y la decisión de OPEP de bajar su producción fue una respuesta a esa idea.

El nuevo mandatario de EE. UU. ya mostró sus ‘dientes’, incluyendo uno de suerte: se acaba de encontrar en Wolfcamp, Texas, el yacimiento más grande de la historia del país con 20 mil millones de barriles de crudo y 16 mil millones de pies cúbicos de gas, por lo que sería 3 veces más grande que Bakken, en Dakota del Norte, e Eagle Ford, en Texas.

Y como dentro de su objetivo está acabar con la herencia de Obama, que había vetado ambos proyectos, decidió reactivar la construcción de dos polémicos oleoductos, el Keystome XL y Dakota Access. El primero permitiría unir a Alberta (Canadá) con Nebraska hasta conectar con otro tramo ya existente, que llegaría al golfo de México y permitirá transportar 830.000 barriles diarios. Ya recibió el apoyo del primer ministro canadiense Justin Trudeau, así tenga duras críticas de los defensores del medioambiente. 

Pero la política energética es mucho más y seguramente el mandatario tendrá que atender limitaciones institucionales, por lo cual buscará estimular la producción por vías más ortodoxas como la reducción de impuestos, antes que chocar con una tendencia global de protección del ambiente. Hay quienes ya comienzan a ver falencias en el programa sectorial del nuevo inquilino de la Casa Blanca, que se ha concentrado en anuncios generales con tinte populista, pero poco concreto.

Los medios de comunicación se han hecho preguntas a las que el Gobierno no ha respondido como: ¿cuál es el programa energético de Trump?, ¿qué aspectos de la coyuntura actual hay que seguir con atención? y ¿qué efectos podría tener esta época en el mediano plazo? 

Nadie espera que Trump se meta en problemas serios con el mundo como hacer realidad su comentario en la red virtual en 2012 de que “el cambio climático es un engaño creado por y para los chinos para hacer menos competitiva a la manufactura estadounidense” o la de campaña cuando se comprometió “a cancelar” el acuerdo climático de París, que acordaron casi 200 países, así como a desechar las propuestas del presidente Obama sobre las emisiones de gas de efecto invernadero de las centrales eléctricas o de no pagar los USD 3.333 mil millones para el Fondo Verde del Clima, que sería distribuido principalmente entre los países en desarrollo.

Trump sabe que ya fue elegido y tiene que conservar el amor de sus votantes, pero tiene mucho más que perder ante el mundo. Su nación está llamada a liderar el Acuerdo de París sobre cambio climático. Si no lo hace o se sale del Acuerdo, le daría un gran poder moral e influencia a China. La deuda de EE. UU. con la historia sería muy grande. 

¿Competencia a OPEP?

En su carrera anti-Obama, Trump ha dicho que dará independencia energética a Estados Unidos “de carteles y oponentes”, para lo cual brindaría todo el apoyo posible a empresas de extracción para generar millones de empleos en forma rápida. En esto se parece a Ronald Reagan, quien no tenía mayores conocimientos del tema energético y gradualmente fue dejando atrás sus posturas extremas.

Trump ofreció en su campaña el bloqueo a las importaciones de petróleo para alcanzar una “total independencia energética estadounidense, libre de los carteles del petróleo y de nuestros enemigos” y no dudó en poner a Arabia Saudita como el primer país en la mira, más si no apoya la guerra contra los grupos terroristas.

Ya tuvo la respuesta y advertencia del CEO de Saudi Aramco en el sentido que bloquear el comercio o cualquier producto de ese país no sería saludable para Estados Unidos. Y la empresa tiene con qué amenazar: acaba de recaudar una gran de cantidad de dólares por bonos emitidos, además que la potencia árabe y sus aliados representan el 35 por ciento de los suministros mundiales de petróleo, el mayor nivel de los últimos 40 años, lo cual le da confianza para “chocar” o reaccionar.

Mientras tanto, es conocido el acercamiento que hay entre Trump y Putin, incluyendo elogios mutuos, que ha llevado a algunos medios a plantear que puede ser posible una alianza energética entre ellos para debilitar a OPEP. Países como Arabia, Irán, México y Venezuela saldrían afectados.

Sin duda, la llegada del republicano Donald Trump a la Casa Blanca pinta para cambiar las relaciones de Estados Unidos con el resto del mundo de forma sustancial y podría llevar a que no se cumplieran las predicciones de mayores precios y por el contrario bajaran a niveles de 40 dólares.

Según BBC Mundo algunos de los temas que no serán lo mismo hacia el futuro se resumen en los siguientes titulares: ¿Tiembla la OTAN luego de 60 años? ¿Vendrá el fin del libre comercio con la terminación de tratados como Nafta y la Alianza del Pacífico? ¿Llegará el final de la política “una sola China”? ¿Adiós al acuerdo de cambio climático? ¿Habrá una nueva Alianza con Rusia? Sobre este tema en particular BBC afirma que: “El presidente de Rusia, Vladimir Putin, ha alabado al nuevo mandatario de EE. UU. y la admiración es mutua: durante la campaña electoral, Trump calificó a Putin de líder fuerte con el cual le encantaría tener una buena relación”.

Ahora, Trump dice que iniciará su gobierno confiando en Putin y que mantendrá las sanciones estadounidenses a Rusia, pero podrían ser levantadas si se realizan “buenos acuerdos”.

Sin duda, el tema energético atraviesa buena parte de esas ideas de Trump, al igual que el muro en la frontera con México no puede ser indiferente para los demás países latinoamericanos. Así, ni siquiera los haya tenido en cuenta en la campaña en asuntos como el comercio.

“Haremos mucho dinero con la energía”, dijo Trump y “estamos llenos y no teníamos idea. Somos más ricos que todos ellos”. 

Los nombramientos para el gabinete de Donald Trump revelan mucho sobre lo que vendrá: como secretario de Estado designó a Rex Tillerson, quien viene de ser director ejecutivo de Exxon, la compañía petrolera más grande del mundo y con vínculos con el sector energético ruso en crudo y gas. Bajo su dirección, entre 2011 y 2013, la firma realizó varios convenios con la estatal rusa Rosneft para explorar campos en el Mar Negro, desarrollar recursos a través de su tecnología de fractura en Siberia occidental y perforaciones en el mar ártico ruso. Las inversiones conjuntas superaron los USD 3.000 millones.}

En 2013, el presidente Vladimir Putin le otorgó la Orden de la Amistad a Rex Tillerson, un galardón reservado a los más fieles amigos de Rusia.

En 2014, la administración Obama impuso sanciones económicas a Rusia por sus incursiones en Ucrania y la anexión de Crimea y Tillerson se opuso a las sanciones, señalando que ese tipo de medidas no producían efectos y la empresa se vio obligada a detener sus operaciones en el Ártico.

Sin duda que el nombramiento de Tillerson es un claro mensaje diplomático de acercamiento con el régimen ruso y todo puede pasar con el impredecible nuevo mandatario norteamericano.

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